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La naturaleza como aliada emocional en la infancia y la familia

Hace un par de años inicié un bello proyecto educativo junto a mi ex socia y amiga Isha Ramírez. En ese camino, ella me transmitió un profundo amor por la naturaleza y por todos los beneficios que ofrece al ser humano. Con el tiempo, y a medida que leo, investigo y, sobre todo, lo vivo día a día con mis hijas y con los niños y familias que acompaño, confirmo cada vez más su enorme importancia. Continúo maravillándome de forma constante, y por eso siento el deseo de compartir estas investigaciones y experiencias con ustedes, madres, padres y educadores.


La naturaleza como aliada emocional: cómo nos ayuda a regular emociones en la infancia y la familia

La naturaleza es una de las herramientas más poderosas —y a menudo subestimadas— para la gestión emocional de niños y adultos. El contacto con entornos naturales no solo favorece el bienestar físico, sino que tiene un impacto profundo en la regulación del sistema nervioso, la reducción del estrés y el fortalecimiento del vínculo emocional entre padres e hijos. En un mundo cada vez más acelerado, urbano y digital, reconectar con lo natural se ha convertido en una necesidad emocional urgente.


El déficit de naturaleza y sus efectos emocionales

El periodista y educador estadounidense Richard Louv introdujo el término “trastorno por déficit de naturaleza” (nature-deficit disorder) en su libro Last Child in the Woods (2005). Aunque no se trata de un diagnóstico clínico, el concepto describe las consecuencias emocionales, cognitivas y conductuales que pueden surgir cuando los niños crecen desconectados del entorno natural. Louv señala que esta desconexión se asocia con mayores niveles de ansiedad, irritabilidad, dificultades de atención, estrés crónico y empobrecimiento del bienestar emocional.

En la infancia, el cuerpo y el cerebro están en constante desarrollo. Cuando el entorno ofrece estímulos excesivos —ruido, pantallas, velocidad— sin espacios de pausa y regulación, el sistema nervioso se mantiene en alerta. La naturaleza, en cambio, ofrece un entorno que invita a bajar el ritmo, observar y regularse de manera espontánea.

Naturaleza y regulación del sistema nervioso

Desde la psicología ambiental, los investigadores Stephen Kaplan y Rachel Kaplan desarrollaron la Teoría de la Restauración de la Atención, la cual explica que los entornos naturales permiten que la mente descanse de la atención dirigida y se recupere de la fatiga mental (Kaplan & Kaplan, 1989). A diferencia de los entornos urbanos, la naturaleza ofrece estímulos suaves y no invasivos que facilitan la calma y la concentración.

Actividades simples como caminar entre árboles, observar hojas, tocar distintas texturas, escuchar sonidos naturales o buscar pequeños “tesoros” permiten que el cuerpo salga del modo de alerta constante. En niños, esto se traduce en mayor capacidad de autorregulación emocional, mejor atención y mayor disposición al aprendizaje.

La biofilia: una conexión innata con lo natural

El biólogo Edward O. Wilson propuso la hipótesis de la biofilia, que sostiene que los seres humanos tenemos una afinidad innata por lo vivo y lo natural (Wilson, 1984). Esta conexión no es cultural ni aprendida, sino biológica. Por eso los niños se sienten naturalmente atraídos por el agua, la tierra, las piedras, las hojas o los insectos, y por eso estas experiencias generan calma, curiosidad y disfrute.

Desde esta perspectiva, la naturaleza no es un lujo ni un complemento, sino una necesidad básica para el desarrollo emocional saludable. Cuando los niños tienen acceso regular a experiencias naturales, se sienten más seguros, conectados y regulados.

La naturaleza como lenguaje de educación emocional

En el ámbito de la educación emocional, la naturaleza ofrece un lenguaje accesible y profundo. A través del juego libre, la exploración sensorial y la observación consciente, los niños aprenden a identificar lo que sienten, a expresar emociones y a reconocer las señales de su propio cuerpo. La naturaleza se convierte así en un espacio seguro donde las emociones pueden aparecer y ser acompañadas sin prisa.

El pediatra y psicoanalista Donald Winnicott destacó que el desarrollo emocional saludable ocurre cuando el niño se siente sostenido por un entorno suficientemente bueno (Winnicott, 1965). Los espacios naturales, acompañados por adultos presentes y disponibles, cumplen esta función de sostén emocional, favoreciendo la seguridad interna y la confianza.

Beneficios emocionales para niños y adultos

Integrar la naturaleza en la vida cotidiana tiene beneficios claros para toda la familia. En los niños, favorece la autorregulación, la empatía, la creatividad y la capacidad de conexión consigo mismos y con los demás. En los adultos, ofrece un espacio para pausar, respirar y acompañar desde la calma, reduciendo el estrés parental y favoreciendo una crianza más consciente.

No se trata de grandes excursiones ni de vivir en el campo. Pequeños rituales cotidianos —salir a caminar, visitar un parque, cuidar una planta, observar el cielo o explorar un jardín— pueden convertirse en experiencias poderosas de regulación emocional y vínculo.

La naturaleza, cuando se convierte en aliada, nos recuerda algo esencial: regular las emociones no siempre requiere palabras; a veces basta con volver a lo simple, lo vivo y lo presente.


Referencias

  • Louv, R. (2005). Last Child in the Woods. Algonquin Books.

  • Kaplan, S. & Kaplan, R. (1989). The Experience of Nature. Cambridge University Press.

  • Wilson, E. O. (1984). Biophilia. Harvard University Press.

  • Winnicott, D. W. (1965). The Maturational Processes and the Facilitating Environment. Hogarth Press.

 
 
 

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